Feliz año nuevo, dijo; besándola con el corazón más que con los labios.
Había magia alrededor, un latido retumbando en el lugar haciéndolos felices, extasiados con sueños, con vida para el resto de sus días juntos, para siempre dijeron.
Regresaron al lugar de dónde habían salido, llegaron a casa con más grados de alcohol que con los que habían partido. Se acostaron, se miraron y de pronto supieron, con sólo una mirada todo lo que habían deseado. Las pocas horas que le quedaban a la noche se entregaron a sí mismos, con paseos de caricias entre sus cuerpos y el vaivén del tic-tac del reloj anunciando la llegada del sol asomándose por la ventana. Los dos se sabían el uno para el otro y el otro para el uno. No había duda en sus corazones ni en sus mentes de que la puerta se abría pero no se cerraría.
Él, un hombre joven, apuesto, sonriente, con los pies en la tierra, reflexivo sin remedio, con corazón de ingeniero, con cabello de sol y mucha determinación.
Ella, apenas una adulta, de carácter sensible, pero madura, espontánea, vivaz, segura de sí misma, radiante de felicidad.
Llamaban casa, desde hace un mes, a un estudio para nada amueblado con los muebles suficientes para sobrevivir, no era mucho, pero estaban juntos y era todo lo que importaba. Había pocos momentos en los que ella no se dedicaba a pensar en él, en sus labios rosando los suyos, en las palabras, y en las sonrisas que su compañía le dedicaba. No había tenido una vida fácil hasta entonces, había llorado y perdido muchas veces el camino, pero ahora lo había recuperado y con el camino, le regresaron sus ganas y su luz. Ahora estaba dispuesta a luchar, e ir por aire, mar y tierra hasta hacer sus sueños realidad.
A los dos les parecía extraño no haberse conocido antes. Tenían mucha vida en común para no haberse conocido en cualquier otro lugar. Tal vez hubiera sido diferente y no habría terminado igual. Quizás él la hubiera encontrado incompleta y no tan interesante como para hablar; y ella lo hubiera pensado arrogante pues aún tenía muchas respuestas que encontrar. Sus vidas habían cambiado mucho, con vueltas que son difíciles de dar, y había que darlas cada uno por separado, a su tiempo y sin prisas por terminar; quizá por eso es que aunque pudieron haberse enamorado 5 años atrás, la vida decidió no encontrarlos, para que estuvieran listos para las vueltas que darían, juntos por primera vez.
La primera vuelta se dio sin que se dieran cuenta, estaban los dos, acostados, mirando la luna en aquél lugar, pensando en sí mismos, pensando en el tiempo y su amistad. Apenas alcanzaban a notar el movimiento de las olas acercándose a la playa y alejándose otra vez. Habían bebido ya unas cuantas cervezas, pero eso no fue impedimento para razonar. Entonces, él, por primera vez pensó que era ese su lugar, con ella. Pasó como un pensamiento relampagueando en su cabeza hasta que el sueño inundó su cuerpo y junto a ella se acostó a desvanecer las estrellas de su mirar. Ella sentía el calor de su cuerpo junto al suyo, no tenía frío, ni miedo. Daban ya más de las 8 de la mañana cuándo él la despertó con su saludo matutino usual. Abrió los ojos, se percato de que la arena que había arrastrado una noche atrás con ella seguía inundando la casa de campaña. Se sentía feliz, con el mar frente a sus ojos y el corazón puesto en aquello que ellos empezaban a entender.
Así, la segunda vuelta y probablemente la más grande de todas sucedió tres días después, mientras veían televisión en el cuarto de estar. Ella le preguntó, ¿Qué sientes por mi? Él, reflexivo sin remedio, se puso a pensar la mejor respuesta para darle y hacerla entender exactamente lo que sentía por ella. Entonces, cansado del escenario en dónde la plática tenía lugar, manejaron hasta un árbol ya de varías raíces atrás para sentarse en su tronco y comenzar a hablar. Fue entonces cuando él, por fin sin duda alguna, exteriorizó lo que había empezado a pensar aquella noche a la luz de la luna en Tenacatita. Le dijo –Tu eres la persona con la que me gusta estar, con la que quiero compartir mi vida. – Entonces, ella comprendió, que lo que sentía en su corazón era correspondido y podría sonreír para celebrar. Se besaron a conciencia por primera vez, sabiendo que ese era el principio de una historia que no tenía final.
Las cosas sucedían con tanta calma, los días pasaban sin prisas, con abrazos interminables y los sueños siempre inundados de amor. Sabían que sería difícil, pero no imposible, el tiempo que tendrían que estar el uno sin el otro, mientras ella pasaba el verano lejos de aquella que llamaban su ciudad. Los días se fueron haciendo más cortos al aproximarse la llegada de su partida, y de pronto ya no había más. La miró de reojo por última vez, viéndola partir hacia su destino, con una maleta en la mano y un par de lágrimas asomándose por su lagrimal. Los días eran largos, eternos sin ella junto a él. Por más horas frente al computador que pasarán platicando a larga distancia, no tenían abasto, querían más. Querían el calor de sus cuerpos, las caricias y los besos que una maquina no sabe dar.
1 comentarios:
fue toda una historia? tuve que rectificar el titulo porque era lo primero que iba sugerir cambiar. =P
..y no, no reconozco tu rostro, cual escuela?
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